¿Sufres habitualmente de dolores de estómago o migrañas? ¿A menudo tienes malas digestiones? ¿Padeces molestias en la piel o picores? Las causas de este tipo de dolores y molestias pueden ser varias, entre ellas, los alimentos que consumes. En este artículo hablaremos sobre la inflamación alimentaria, sus causas y sus consecuencias. 

Inflamación Alimentaria, Causas y Consecuencias



Algunos alimentos nos son bien aceptados por el organismo, provocando intolerancia o incluso alergias alimentarias. El cuerpo reacciona en consecuencia.

El gluten, la lactosa, la proteína de la leche, la soja, los frutos secos o el huevo, entre otros, son algunos de los alimentos que pueden provocar reacciones de tipo alimentario.


Es importante dejar claro que la intolerancia alimentaria no es lo mismo que la alergia alimentaria.

  • Una alergia es una reacción anormal del sistema inmunitario cuando entra en contacto con alguna sustancia en concreto, en este caso, un alimento o componente del mismo, provocando una respuesta desmedida de las defensas del organismo.
  • Una intolerancia alimentaria es una reacción desfavorable tras la ingestión de ciertos alimentos. De hecho, los síntomas de la intolerancia alimentaria suelen ser más leves que los de la alergia.

No obstante, el término intolerancia alimentaria  suele prestarse a confusión. La comunidad médica solo reconoce las intolerancias al gluten y a la lactosa. El resto de alimentos o componentes que no se pueden procesar correctamente forman parte del trastorno conocido como inflamación alimentaria.

Qué es la inflamación alimentaria

La inflamación alimentaria se produce cuanto el organismo supera el umbral de tolerancia a uno o más alimentos. Un determinado alimento o grupos de alimentos pueden inducir a la producción de citoquinas inflamatorias BAFF (Factor Activador de Célula B) o PAF (Factor Activador de Plaquetas) y causar síntomas inflamatorios como migrañas, dolores de estómago, y molestias y/o picores en la piel , entre otros.

Un ejemplo de inflamación alimentaria sería lo que se ha denominado sensibilidad al gluten o reacción al gluten, que no es lo mismo que la enfermedad celiaca. La reacción al gluten produce los mismos síntomas que la celiaquía y afecta a más del 20% de la población mundial sana.

La reacción al gluten, que con frecuencia no se distingue de la enfermedad celíaca, se produce por la activación de acciones defensivas inflamatorias en partes del cuerpo cuya función es señalizar el peligro si se supera el umbral debido a la ingestión excesiva de un alimento. Lo que se produce es una reacción inflamatoria a modo de llamada de emergencia que indica la necesidad de cambiar los hábitos alimenticios. Las consecuencias, en caso contrario, pueden llegar a ser graves.

De hecho, se sabe que enfermedades inmunológicas, como el lupus eritematoso sistémico o la artritis reumatoide, están relacionadas con la inflamación alimentaria. Pero no es necesario llegar a estos extremos. Aumentar de peso de razón aparente o sufrir diarreas son ya claras consecuencias de la inflamación alimentaria. Las temidas migrañas, los dolores de estómago o dolores abdominales y las alteraciones cutáneas también pueden tener su origen en la inflamación alimentaria.

Alimentos que pueden provocar inflamación alimentaria

Las nuevas investigaciones han logrado indentificar grandes grupos de alimentos que, consumidos en exceso, pueden dar lugar inflamación alimentaria y que, por lo tanto, podrían ser los responsables de las dolencias mencionadas anteriormente. Estos grupos de alimentos son:

  • Trigo y gluten (pastas alimenticias, harina, preparados para postres y salsas, etc.).
  • Leche, productos lácteos y productos de origen bovino (queso, yogur,cuajada, etc.)
  • Levaduras y productos fermentados, relacionados con la fermentación de la levadura y presencia de hongos (pan, té, vino, vinagre, cerveza, productos de cereales, aderezos para ensaladas, etc.)
  • Níquel y sus productos derivados (mariscos, guisantes, puerros, lechuga, judías, tomates, cebolla y espinacas, coco, tomate, kiwi, productos precocinados, comida rápida, etc).
  • Aceites cocinados (alimentos fritos, productos industriales envasados, productos a base de grasa, aceites vegetales hidrogenados, etc.)
  • Productos con alto contenido en sal (carnes curadas, quesos, galletas saladas, productos de panadería, cubitos de caldo, etc.)

Además, también hay que tener en cuenta los salicilatos naturales (alimentos que contienen ácido salicílico), a menudo responsables de urticarias, poliposis, rinitis o eczema. Muchas frutas y verduras, así como frutos secos y semillas contienen proporciones variables de esta sustancia.

Mención aparte merecen las migrañas y su relación directa con la inflamación alimentaria. Las personas que sufren este trastorno deberían prestar especial atención al consumo de los siguientes alimentos:

  •  chocolate
  • conservas de pescado o pescado ahumado
  • algunos tipos de fruta como plátanos, limones, naranjas, higos, aguacates…
  • lácteos, sobre todo quesos
  • vino
  • frutos secos, especialmente nueces o cacahuetes
  • legumbres
  • carnes con exceso de nitratos (fiambres, embutidos, kebabs…)
  • comidas con exceso de glutamato monosódico añadido (por ejemplo, la comida china)
  • alimentos procesados y precocinados

En cualquier caso, no todos los alimentos mencionados tienen por qué provocar inflamación. A través de análisis específicos se puede determinar qué grupo de alimentos provocan esta reacción y, en función de ello, tomar medidas adecuadas.

 

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